La 'izquierda feng-shui': El peligro de no vacunarse y algunas terapias alternativas

Vacuna, vacunación, control de salud
GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / FOTOJOG
Publicado 25/08/2017 6:59:45CET

   MADRID, 25 Ago. (EDIZIONES) -

   El rechazo a las vacunas es una peligrosa tendencia que van adquiriendo un preocupante acomodo en determinados sectores de la población. Lo mismo sucede que muchas terapias alternativas cuya presencia aumenta simplemente por el boca a boca.

   "Algunas personas y grupos políticos principalmente de izquierdas rechazan las vacunas, sin echar mano de datos e información real. Lo asumen como políticamente correcto porque suena bien, sin acudir a datos reales. Pasa también con los productos ecológicos, los transgénicos o las terapias alternativas: Basta que alguien te diga que algo es bueno o malo para que lo asumas como tal", señala en una entrevista con Infosalus Mauricio-José Schwarz, con motivo de la publicación de 'La izquierda Feng-Shui. Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres' (Ariel).

   A su juicio, las vacunas representan la intervención sanitaria "más eficaz" que ha existido en la Historia de la humanidad, ya que, por ejemplo, han logrado la desaparición de muchas enfermedades y han evitado muchas muertes.

   "Hay personas que las rechazan y acuden a falsos datos sanitarios sólo porque alguien se lo ha dicho, y no hay razón para ello. Su rechazo es peligroso socialmente, no siguen un punto de vista personal, sino que un grupo de niños no vacunados rompen la inmunidad del grupo", critica el periodista mexicano afincado en España.

   Según subraya, la corriente antivacunas forma parte de una campaña contra las empresas farmacéuticas por "su sistema capitalista", junto con la desinformación de las personas, que desconocen los peligros que puede conllevar el no vacunarse, que pueden llevar incluso a la muerte.

   "El resultado de las campañas antivacunas es que en muchos países han resurgido enfermedades que ya eran sólo un recuerdo en lugares con acceso a programas amplios de vacunación, pero que, según la OMS, siguen matando a un millón y medio de niños cada año en todo el mundo, sobre todo donde no hay vacunas suficientes o no pueden llegar. Tan sólo en España ha habido brotes de paperas en 2012 y 2013 (474 víctimas), de sarampión (el mayor en 2011, con 3.802 casos) y de la terrible tos ferina (con 4.822 casos en 2015)", precisa.

EL PELIGRO DE LAS TERAPIAS ALTERNATIVAS

   Por otro lado, Schwartz alerta del peligro de las terapias alternativas ante un problema de salud. "El problema es el mismo. No hay pruebas de que funcionen. Las terapias alternativas que funcionan se llaman 'medicina', pero muchas veces ni siquiera se le informa a la gente de las teorías que hay detrás de estas terapias. El problema es fundamentalmente que no se aportan pruebas de su funcionamiento y nosotros como sociedad no les exigimos las validaciones científicas que sí exigimos a las farmacéuticas. Un laboratorio farmacéutico tiene que pasar por controles amplísimos a nivel europeo y se hacen análisis global. A estas terapias no", denuncia.

   Es más, indica que la mayoría de estas "prácticas inútiles y presuntamente curativas" entran en el terreno de las pseudociencias, dotándose de nombres "rimbombantes": "Homeopatía, moxibustión, bioneuroemoción, iridología, reflexología, biorresonancia... O cualquier palabra a la que se pueda añadir al final de la misma el término 'terapia' para que suene medianamente respetable y se pueda empezar a cobrar por practicarla".

   Según indica, todas ellas tienen una argumentación pseudocientífica, "que utiliza conceptos e ideas de la medicina para reinterpretarlos como sea a fin de convencer a sus víctimas de que tienen un enorme valor terapéutico, mayor que el de aquellas prácticas que medicina ha ido derivando de las evidencias procedentes de diversas ciencias, y bien merecen que se pague por ellas".

   "Hay un trabajo que deben hacer gobiernos y sociedad. Pero es un trabajo lento, de regulaciones, de legislación, de todo eso que resulta mucho menos glamuroso que salir a la calle en una manifestación o declarar ante los medios, o en charlas debidamente pagadas por todo el país, que la medicina nos mata antes que sanarnos. Sin dejar de asistir, claro, a las citas con nuestro médico de la sanidad pública universal", sentencia el periodista.

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