La genética, clave en el desarrollo del niño

Niño estudiando en el colegio en Sudáfrica
UNIVERSIDAD DE STELLENBOSCH
Publicado 01/03/2017 8:14:45CET

   MADRID, 1 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La constitución genética de un niño puede desempeñar un papel importante y oculto en el éxito de los esfuerzos para maximizar su desarrollo, sugiere una investigación sudafricana. El estudio, publicado este martes en 'PLoS Medicine' y financiado por el Gobierno de Canadá a través del programa "Grandes Retos Canadá", aporta más datos sobre por qué algunos niños se benefician más que otros de las intervenciones y plantea preguntas complejas sobre programas de intervención psicosocial en el futuro.

   En este trabajo liderado por el profesor Mark Tomlinson, de la Universidad de Stellenbosch, en Sudáfrica, los autores siguieron una intervención implementada entre 1999 y 2003, en la cual las madres embarazadas recibieron formación para mejorar el apego con sus hijos. El apego es una medida de seguridad psicológica del niño y predictiva del bienestar futuro. En el estudio original, había un grupo de control de aproximadamente el mismo tamaño compuesto por mujeres embarazadas que no recibieron consejos.

   El estudio original concluyó que la intervención tuvo un efecto entre pequeño a moderado en el apego madre-hijo, evaluado una vez que los niños alcanzaron los 18 meses de edad. El trabajo de seguimiento, realizado 13 años después de la intervención, reexaminó los resultados originales del apego y reveló algo sorprendente: la intervención había funcionado bien para los niños que tenían una característica genética particular.

   Realizado en colaboración con colegas de la Universidad de Reading, University College London, ambas en Reino Unido, y la Western University, en Canadá, el estudio reinscribió y llevó a cabo pruebas genéticas en 279 de los 449 niños del análisis original. Había datos genéticos y de apego de 220 niños, lo que permitió a los investigadores probar si los resultados originales de apego estaban influenciados por sus genes.

   Los científicos tuvieron en cuenta si el niño tenía la forma corta o larga del gen SLC6A4, el gen transportador de serotonina, un neurotransmisor que está involucrado en la señalización nerviosa, y que otros estudios han relacionado con ansiedad, depresión y otros trastornos. Se cree popularmente que la serotonina contribuye a los sentimientos de bienestar y felicidad.

   El apego de niños con la forma corta del gen y cuyas madres embarazadas recibieron formación, tenían casi cuatro veces más probabilidades de estar firmemente unidos a sus madres a los 18 meses de edad (84 por ciento estaban seguros) que los niños portadores de la forma corta cuyas madres no recibieron asesoramiento (58 por ciento estaban seguros).

POSIBLE SUBESTIMACIÓN DE INTERVENCIONES AL NO TENER EN CUENTA LA GENÉTICA

   Por su parte, los niños con el gen largo aparentemente no se vieron afectados por la instrucción que recibió su madre o la falta de ella: en ambos casos, la tasa de unión era casi idéntica (70 y 71 por ciento). Sujeto a mayor validación, según el profesor Tomlinson, este hallazgo tiene "importantes implicaciones para que los científicos diseñen y evalúen las intervenciones para beneficiar a tanta gente como sea posible en Sudáfrica y en todo el mundo". "Sin tener en cuenta la genética, es posible que otros estudios hayan subestimado el impacto de sus intervenciones, como lo hicimos originalmente", afirma.

   Los investigadores advierten que, entre otras limitaciones, este estudio involucró a una muestra relativamente pequeña de personas y sólo midió un gen y un resultado (apego). "No estamos diciendo que sólo algunas personas deben recibir la intervención, aquellos que son 'susceptibles' a mejorar con ella. Existe poca justificación científica para esto. Por ejemplo, muchos niños con el gen largo no susceptible SLC6A4 puede portar la forma susceptible de otro gen, lo que los hace mucho más propensos a beneficiarse de la misma intervención, pero para un resultado diferente pero igualmente importante", apunta el doctor Barak Morgan, de la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

   "Por tanto, tiene dos implicaciones. En primer lugar, las diferencias genéticas permiten una evaluación adecuada de la efectividad o la falta de efectividad de una intervención para un resultado particular en diferentes individuos. En segundo lugar, esta información puede utilizarse para averiguar cómo intervenir eficazmente para todos, guiando lo que se podría hacer para mejorar los resultados de una intervención en genes no susceptibles mientras se continúa optimizando los resultados para los susceptibles", dice.

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