El Factor de Crecimiento de Hepatocitos

El estímulo de una proteína que fabrica el hígado puede frenar el envejecimiento

Actualizado 07/10/2014 11:07:47 CET

MADRID, 22 Oct. (EUROPA PRESS) -

Los procesos de envejecimiento del cuerpo humano, provocados por la acción de los radicales libres, pueden ser frenados sin necesidad de consumir suplementos alimenticios especiales si se estimula la mayor actividad de una proteína que fabrica de manera natural el hígado, llamada Factor de Crecimiento de Hepatocitos (HGF, por sus siglas en inglés) según ha mostrado un equipo de científicos de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalpa (UAM-I) en México.

De hecho, esta misma proteína ayuda a frenar y revertir la destrucción del órgano causada por la cirrosis, la enfermedad hepática alcohólica y el consumo de medicamentos contra la tuberculosis como la isoniacida y la rifampicina.

En concreto, los expertos descubrieron los efectos antioxidantes de la proteína HGF y también demostraron en laboratorio sus efectos de regeneración del hígado. Estos últimos ya habían sido planteados, como hipótesis, por otros grupos de investigación de diferentes partes del mundo.

Los hallazgos ponen las bases para construir una nueva línea de atención terapéutica que frene el envejecimiento prematuro del cuerpo humano por exposición a diferentes tóxicos, como el alcohol. El siguiente reto para la Universidad es desarrollar un método con el cual se ordene al hígado la mayor o menor producción de la proteína HGF ya que no se puede comer ni ser administrada como si fuera un medicamento.

"Lo que descubrimos no fue un nuevo antioxidante, como sería la vitamina C de la naranja que se consume en jugo o suplementos. Lo que nosotros descubrimos fue la acción de una molécula que produce el hígado y que enciende, regula y modula los mecanismos naturales de defensa antioxidante del cuerpo humano", ha explicado uno de los líderes del equipo que obtuvo los hallazgos en el laboratorio de Fisiología Celular de la UAM-I, Luis Enrique Gómez Quiroz.

Las investigaciones mexicanas se iniciaron en 2006 y han contado con la colaboración del Laboratorio de Carcinogénesis Experimental, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

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