Es necesario realizar un seguimiento los primeros 6 meses

Entre el 21% y el 38% de los pacientes con ictus sufren afasia

Actualizado 11/06/2015 13:11:57 CET

MADRID, 15 Abr. (EUROPA PRESS) -

   Entre el 21 por ciento y el 38 por ciento de los pacientes que han padecido un ictus sufren afasia, una dolencia que se define como la pérdida de la capacidad en el uso del lenguaje derivada de una lesión de las áreas cerebrales involucradas en la producción y recepción del lenguaje, según ha informado el director médico del Instituto de Rehabilitación Neurológica NeuroMadrid, Luis Gangoiti.

   Por ello, el experto ha destacado la importancia de realizar un seguimiento del paciente en especial durante los primeros 6 meses tras el ictus, ya que suele producirse una evolución dinámica desde una afasia global a otra de predominio motor (expresiva) o sensorial (o de comprensión).

   Ahora bien, el factor pronóstico de la recuperación de la afasia depende de la severidad inicial, es decir, a mayor severidad inicial, peor pronóstico. Por ello, Gangoiti ha recomendado que se realice una valoración clínica en la que se definan las alteraciones en las funciones motoras y praxias (capacidad de poner en marcha habilidades motoras adquiridas), existencia de gnosias (capacidad de reconocer y percibir correctamente los estímulos), valoración auditiva, visual y somestésica (impulsos que rigen la sensibilidad corporal), así como una valoración neuropsicológica completa de los pacientes.

   Además, prosigue, se pueden encontrar manifestaciones de lesión subcortical, por lo que ha avisado de que la afasia "no es un diagnóstico de exclusión" y puede estar acompañada de otras dolencias como disartria, disfagia, apraxia, agnosia y otros déficits potencialmente tratables.

LA IMPORTANCIA DE LA REHABILITACIÓN

   Dicho esto, el director médico de NeuroMadrid ha abundado en la importancia de la rehabilitación, a través de técnicas específicas de reactivación y de sustitución para compensar la comunicación alterada a través de funciones cognitivas y motoras conservadas, para conseguir una comunicación funcional.

   "Actualmente, la neurorrehabilitación va más allá de ser un método de localización de lesiones en la corteza cerebral. Lo importante es el análisis de los procesos afectados y de su impacto en los mecanismos de comunicación ya que la reorganización funcional debe hacerse con los elementos viables y no ser una mera 'reparación' de regiones anatómicas lesionadas", ha apostillado Gangoiti.

   Ante esto, ha subrayado la necesidad de que la rehabilitación se realice en un centro especializado en neurorrehabilitación que cuente con un equipo multidisciplinar y especializado y que, a su vez, se realice un programa específico en el que se definan por escrito los objetivos mínimos de actividad, dependiendo de la capacidad comunicativa del paciente.

   "Se debe prestar una especial atención al correcto aprendizaje de las técnicas y a la motivación del paciente, sobre todo cuando es anciano, ya que la capacidad de comunicación en el entorno real del paciente constituye el mejor factor de adhesión al programa terapéutico", ha zanjado Gangoiti.

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